20/9/17

"TENGO A PAPÁ"

Juan José Benítez

Con este curioso título que me llevó a engaño, Juan José Benítez relata, tras una exhaustiva investigación que le costado casi seis años, las últimas horas de Ernesto "Che" Guevara, basándose en los datos de tres fuentes distintas: 

- El diario de Roselló (un guerrillero compañero del Che)

- El diario de Saturno (un oficial del ejército boliviano que participó en la captura)

- El diario de Mendi (un exagente de la CIA)

Ernesto "Che" Guevara

Es público y notorio que el 8 de octubre de 1967, el "Che" fue capturado por el ejército boliviano en la quebrada de El Yuro, en las cercanías de la aldea de La Higuera, en el sudoeste de Bolivia, pero la mayoría desconocíamos los intríngulis de aquella operación y el porqué del asesinato del líder guerrillero.

No quiero destriparles la obra de J.J. Benítez. No voy contales aquí quién o quiénes lo traicionaron, lo abandonaron y lo vendieron, pero si quiero abundar en el título que, repito, me confundió.

 

Pensé que aquella frase de "Tengo a papá", habría sido una llamada a la familia del Che, por parte de alquien conocido al que se le hubiera encargado la misión de apresarlo, pero no. Al leer el libro (lo hice en el trayecto aéreo Madrid-Tenerife Norte) descubrí que la frase de marras era solo una consigna militar:

"Tengo a papá" era la frase en clave para comunicar que habían atrapado al jefe de la guerrilla.

Una curiosidad: La denominación de "Cristo Rojo" aplicada al líder guerrillero, vino a colación de que unas monjas que acudieron a ver su cadáver, expuesto durante unas horas en la localidad de La Higuera, lo compararon con Jesucristo

El cadáver del Che
Miguel Ángel G. Yanes

17/9/17

LOS ANTIGUOS BARRIOS DE SANTA CRUZ DE SANTIAGO DE TENERIFE

Tras haberles dada "la barrila" días atrás con el nuevo puente de El Cabo, púseme a buscar datos sobre posibles antedecentes históricos del antiguo, y hete aquí que vine a tropezar con el texto de una interesantísma conferencia sobre el origen de los antiguos barrios del sur de la ciudad, pronunciada en diciembre de 2015 por el historiador,  investigador y cronista oficial de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, Luis Cola Benitez (q.e.p.d.) a la que me he permitido añadir una serie de fotografías. 

Espero que la disfruten tanto como yo. 

Miguel Ángel G. Yanes


EL CABO Y LOS LLANOS


Luis Cola Benítez (1933-2016)

La ciudad, bajo su primigenio nombre de Lugar y Puerto de Santa Cruz de Añazo, nació y comenzó a formar su caserío marinero en la franja de una pedregosa playa que comprendía la desembocadura del barranco de Santos, entre éste y el llamado barranquillo del Aceite o de Cagaceite. Según las crónicas primeras, después de haber desembarcado más hacia el Sur por el lugarconocido como Puerto de los Caballos o Caleta de Negros, y conscientes de que llegaban a territorio hostil, los castellanos establecieron su primer campamento protegiendo sus flancos por los dos barrancos citados que, en los primeros momentos, si ello fuera necesario, les servirían de trincheras naturales. 

Óleo de Gumersindo Robayna con la misa en Añazo el 3 de mayo de 1494

Aunque el profesor Cioranescu aduce documentación notarial que asegura que hacia 1583 todavía no existían en el barrio del Cabo casas de habitación, es lógico que si el desembarco de tropas, caballos y material se realizó por allí, algunos hombres tuvieron que quedar a cargo de la impedimenta, si no en las que podrían considerarse casas de vecindad a efectos de los primeros censos y empadronamientos parroquiales, sí en los almacenes, pabellones o tinglados a toda prisa construidos para albergar y proteger el material. Por tanto, queda claro que el que más tarde se denominó barrio del Cabo, situado como su nombre indica al cabo o al extremo del poblado, existió desde el mismo momento y al mismo tiempo que nació Santa Cruz de Añazo. Mejor dicho, era parte de él. Y, poco después en el tiempo, lo mismo ocurriría con Los Llanos, llamados de Regla, de Las Cruces o de Los Molinos, pues por todos estos nombres han sido conocidos. De Regla, por la ermita construida como oratorio de la guarnición del castillo de San Juan Bautista; de Las Cruces, por las de madera que orillaban el camino a modo de Vía Crucis; de Los Molinos, por los de viento a los que era propicia la zona.



Y fue precisamente la incidencia de los vientos lo que en gran parte marcó el marcó el destino de aquellos barrios y no siempre para bien. Como es sabido, los vientos dominantes de la zona son los alisios, que entrando por el Nordeste barren toda la franja costera hacia el Sur. Es decir, cruzan todo el espacio urbano de Santa Cruz desde los escarpados litorales de la cordillera de Anaga en dirección a Guadamojete y Candelaria, desde donde siguen su recorrido hasta perderse en los confines de la Isla. Por ello, se contaba con este factor natural pensando que en caso de incendio en aquellos barrios a la derecha del barranco de Santos, además del obstáculo  natural que el mismo barranco representaba,  las  llamas  serían  aventadas en dirección contraria al centro de la población. Se trataba de una penosa contribución que los sufridos vecinos del Cabo y Los Llanos pagaron durante muchos años, al aceptar más o menos forzosamente el establecimiento de herrerías, hornos, tahonas y cualquiera otra industria o actividad que precisara del fuego. Y testimonio de ello son los nombres de calles de aquellos barrios, algunos ya desparecidos, como las calles de Humo, de las Tahonas, de las Panaderas y otras, que nos recuerdan sus orígenes. Sólo por esta razón los antiguos habitantes de los barrios del Sur se merecen el agradecimiento y homenaje del resto de la población.


Antiguo barrio de El Cabo ya en ruinas

Pero hay más, pues al motivo de preocupación que representaba la posibilidad de incendio en un entramado urbano en el que la madera era el principal elemento constructivo, había que sumar otras circunstancias, ninguna de ellas demasiado gratas para los vecinos de la zona. Por ejemplo, los almacenes de guano, los vertederos, los hospitalillos provisionales de aislamiento y los lugares improvisados a toda prisa para enterramientos de los fallecidos en las epidemias, incluso el primer cementerio municipal de San Rafael y San Roque, los secaderos de pescado salado. Recordemos que el local en el que se instaló el lazareto fue en sus orígenes un secadero de pescado y,  más  recientemente,  algunas  industrias  químicas  de  molestos e indeseados efluvios  también  encontraron  ubicación  por aquellos solares. ¡Ah! y para que todo no sea negativo, en aquellos llanos se levantaron los primeros molinos de viento del pueblo, que dieron nombre que aún perdura a una de sus calles y que evitaron tener que llevar a moler el grano a La Laguna, como se hacía en los primeros tiempos, aunque es de suponer que a nivel doméstico se seguiría utilizando el molino de mano de los guanches. Y todo ello, debido a los benditos vientos alisios.


Cementerio de San Rafael y San Roque

Dice, y con sobrada razón, mi compañero de Tertulia Paco Tovar -que, por cierto, es el culpable de que hoy me tengan que soportar poniendo a prueba la paciencia de todos ustedes- que las tierras aledañas a la desembocadura  de nuestro principal barranco no eran muy propicias para la agricultura, por lo que por allí se asentaron algunos pocos mercaderes, pescadores y marineros y, sobre todo, artesanos tales como herreros, toneleros, carpinteros de ribera, calafates, rederos, cordeleros, etc. Pero, ciertamente, también tenían protagonismo como elementos en cierto modo dinamizadores de la zona los establecimientos de beneficencia -Hospital de Nuestra Señora de los Desamparados, Hospicio de San Carlos-, y las instalaciones militares de aquel sector de la línea defensiva, que empezando en la batería de San Telmo, junto a la ermita de su advocación, seguía por la de San Francisco, y continuaba hasta el castillo de San Juan Bautista y la Casa de la Pólvora.


La Casa de la Pólvora

Y vuelvo a aprovecharme del mucho y justo saber de mi amigo Paco Tovar, al tomarle prestadas las certeras palabras con las que nos presenta una fidelísima semblanza de los vecinos de El Cabo y Los Llanos, cuando dice:

“Hogar de gentes humildes, de trabajadores que desarrollaban su vida practicando los valores de la gente de mar, la solidaridad, la igualdad, la tolerancia, la laboriosidad, el tesón, la admiración por el conocimiento, la libertad para que  cada uno sea lo que quiera y pueda, en la forma que pueda o quiera…". "Y sobre estos valores, añade Tovar, construye Santa Cruz su carácter, aportando estos barrios su espíritu asociativo, su espíritu de unión, que en algún caso perdura en el tiempo. Se crean sociedades y círculos, y la inquietud por la cultura, el arte y el deporte permiten la fundación de dos emblemas que surgieron de la voluntad de unos pocos y que otros muchos han tenido el empeño de mantener: la Unión Artística de El Cabo, y la Sociedad 1º de Abril para el Fomento de El Cabo, que andando el tiempo pasará a denominarse Real Unión de Tenerife.


Que me perdone Paco que le robe las anteriores acertadas frases y las utilice aquí, porque es muy difícil expresar mejor que como él lo hace el espíritu y el carácter que forjaron la historia de aquellos santacruceros, que con humildad y tesón, contra viento y marea –inmejorables símiles para referirnos a barrios marineros- fueron capaces de superar la brutal y traumática amputación, podría decirse que casi la total desaparición, de su espacio físico vital. Y, asombrosamente, bajo el sostenido impulso de la Unión Artística y del Real Unión, y seguro que también contando con el amparo de sus protectores San Pedro González Telmo, Vírgenes del Carmen, del Buen Viaje y de Regla, no sólo han sabido conservar el espíritu cívico de unión de sus barrios, hoy ya físicamente inexistentes, sino que lo han sabido transmitir a sus descendientes, a las jóvenes generaciones, como puede apreciarse todos los años en las festividades  respectivas, en las que asombra la gratificante escena que presentan abuelos, hijos y nietos, en solidaria unión junto a sus  citados patronos, que ellos, aunque ahora residan en otros barrios de la ciudad distantes de sus orígenes, continúan considerando sus abogados y protectores. Yo me permito sugerir a todos los habitantes de Santa Cruz que no lo hayan hecho, que acudan a las fiestas anuales de estos barrios, que son un ejemplo de convivencia ciudadana.



Pertenecer al antiguo barrio de El Cabo debió ser algo muy especial. Yo llegué  tarde  y  apenas  mantengo  nebulosos  recuerdos  en  mi  cada  vez  más   enflaquecida memoria.  Sin  embargo,  mi  padre,  aunque  vivía en el Toscal, junto a la plaza de San Francisco, me contaba y me hablaba de sus andanzas por este otro barrio, al otro lado de la frontera límite del barranco, sus correrías juveniles, su caza de ranas en las escorrentías y sus chapuzones en el Charco de la Casona. Y el viejo puente –mejor es no hablar del recientemente instalado-, el antiguo Hospital, la histórica ermita y lo que todo ello representaba para sus vecinos, que hacía vibrar las más profundas raíces de amor a su terruño, a sus gentes, al espíritu de su comunidad.


El charco de la Casona

El barrio de El Cabo, como tantos otros de la isla toda, formó parte en tiempos difíciles, de escaseces y penurias, de la inevitable corriente emigratoria en busca de mejores perspectivas familiares e individuales. Y cuentan que cuando el barco doblaba la punta del muelle y enfilaba la ruta hacia las Américas, más de uno no podía contener la emoción al pasar frente al barrio de toda su vida, y lanzaba al viento:

"Adiós puente y adiós Cabo,  //  adiós Hospital famoso,  //  adiós Virgen del Buen Viaje  //  y adiós San Telmo Glorioso."

Nuestra Señora del Buen Viaje

Y ya que hablamos de San Telmo, no debemos pasar de largo sin referirnos a la  actual situación de su ermita. No sé si todos ustedes conocen que cuando comenzó la transformación urbanística de la zona a base de destruir la totalidad del barrio, con lo que al mismo tiempo se borraba y desaparecía parte de la historia de Santa Cruz, la ermita de San Telmo también estuvo a punto de desaparecer. El obispado la ofreció al ayuntamiento para el ensanche urbano que estaba en marcha, a cambio de la construcción  de otro templo,  de mayor capacidad, en la entonces  recién abierta Avenida 3 de Mayo, nuevo templo para el que se respetaría el mismo nombre de San Telmo. Afortunadamente, la desgraciada idea no se llevó a cabo, se decidió  conservar la  histórica ermita, y la nueva iglesia es la actual de Santo Domingo de Guzmán.


Ermita de San Telmo

La de San Telmo es posiblemente la construcción más antigua de nuestra ciudad. En el ámbito religioso la primera fue la ermita de la Consolación, levantada sobre la lengua de lava volcánica que cerraba por el Norte el primer desembarcadero del puerto, la Caleta de Blas Díaz, que fue demolida para la construcción del castillo de San Cristóbal, donde hoy está la “malograda” plaza de España. Luego, la parroquia de la Santa Cruz, hoy de la Concepción, que destruida por el fuego fue reconstruida en su totalidad  a mediados del  siglo  XVII.  Es posible  que la dedicada a  San Sebastián sea coetánea de San Telmo, pero no hemos encontrado datos que lo confirmen, además de que ha sufrido tan decisivas modificaciones y aditamentos, empezando por la torre, la sacristía  y  la  puerta  de acceso,  originalmente  abierta  hacia  arriba,  como  dando  la bienvenida a los que bajaban desde La Laguna. En cuanto a la de Nuestra Señora de Regla, primer oratorio para la guarnición del castillo de San Juan, su construcción se data hacia 1643.


El Castillo Negro o de San Juan

Hoy, con su modesta, emblemática y singular presencia, San Telmo es el único testimonio físico superviviente del  que fuera el primer barrio de pescadores y hombres de mar de Santa Cruz, que desde muy temprana fecha, primer tercio del siglo XVI,  dedicaron este pequeño templo al santo patrono de los mareantes San Pedro González Telmo, cuya Cofradía ya existía en 1549. y al que profesaban una profunda devoción. Es fama que, cuando los hombres del barrio iban a la pesca en el banco africano, llevaban una hucha para el santo, que tenía derecho a una soldada como si de  un  marinero más se tratara.  Su fiesta fue en siglos  pasados  una  de las principales de Santa Cruz y de las de mayor arraigo en la devoción popular.


San Telmo

El patronazgo de San Telmo para las gentes de mar es muy anterior al de la Virgen del Carmen, que comenzaría en la segunda mitad del siglo XVIII. Aquí,  a  nivel  popular,  se  llegó a dar  una  cierta  rivalidad, como si fuera posible que ambas advocaciones se disputaran su presencia y arraigo en la devoción de pescadores y marineros. Pero si en el imaginario colectivo del pueblo se podía admitir dicha circunstancia, la misma sabiduría popular encontró pronto el remedio, y la paz fue firmada, como lo atestigua la copla que dice:

"La Virgen del Carmen tiene  //  unos zapatitos blancos,  //  que se los hizo San Telmo  //  con las velas de su barco."


La virgen del Carmen

En la ermita de San Telmo intentaron fundar convento los franciscanos de La Laguna hacia 1650, iniciando una construcción junto a ella a la que trasladaron la imagen del Santo. Las protestas de los habitantes del barrio, encabezadas por el beneficiado de la Concepción, de la que dependía, y el mayordomo de la Cofradía, llevaron a entablar pleito que llegó a la Corte y que, dos años más tarde, dio la razón a los vecinos, obligando a los frailes a  derruir la obra levantada y devolver  el santo a su ermita de siempre.

El edificio ha sufrido modificaciones a través del tiempo: en 1893 se sustituyó la vieja espadaña por una pretenciosa torre, que al amenazar ruina fue demolida en 1918, y también se ha visto recortada por el Naciente su única nave para la apertura de nuevas vías. Daba frente a la desaparecida plaza de su nombre, centro neurálgico del antiguo barrio,  en  el  que los pescadores y marineros compartían vecindad con artesanos, herreros y panaderos. El pequeño templo es de muy sencilla construcción, con techumbre de madera y tejas y piso de losas chasneras, pero encierra todo el  encanto de las  construcciones  tradicionales de nuestra tierra. Parece ser que su primera ornamentación fue la imagen del propio santo, colocada en un simple nicho. El retablo es del siglo XVII o inicios del XVIII y posee, a cada uno de  sus  lados,  pinturas  de temas marineros, “La Tempestad” en el lado del Evangelio y “Navegación feliz” en el de la Epístola. La imagen de San Telmo, en la hornacina del Evangelio; en la de la Epístola, San Pedro de las Marinas, ambas de candelero, y Nuestra Señora. del Buen Viaje, en la central.


"La tempestad" - Obra de Alberto Martín Aguilar

A pesar de que sus fiestas fueron en pasados tiempos de las más sonadas, la ermita ha pasado por difíciles momentos, sobre todo a caballo de los siglo XIX y XX, cuando abandonado el culto y con motivo de epidemias sirvió de depósito de cadáveres, de hospitalillo de observación y hasta para instalar cocinas económicas para los necesitados. Y, como ya señalé, en los años 40 de la pasada centuria estuvo a punto de desaparecer.

Junto a su puerta y en algunas épocas en su interior, estuvo colocada la Cruz de la Fundación -después de derruida en 1794 la capilla que la protegía junto a la antigua carnicería-, Cruz que hoy se custodia en la parroquia de la Concepción. Por este motivo durante años, especialmente en el siglo XIX, las fiestas más importantes del barrio y que tenían gran eco en toda la población fueron, además de las de su patrono San Telmo, las de la Santa Cruz en mayo.


Cruz fundacional de madera, posteriormente enmarcada en plata.

Podría seguir hablando mucho más de lo barrios del Cabo y Los Llanos, que hoy son uno solo en la memoria de todos, del antiguo Hospital, de la fuente de Morales, del Hospicio, primero, y luego cuartel de San Carlos, de los restos de la batería de San Francisco –ideal emplazamiento para volver a levantar el monumento a los Héroes de la Gesta-, de la ermita de Regla, del castillo de San Juan y la Casa de la Pólvora, lo que nos llevaría mucho tiempo.

Y para terminar no puedo hacerlo sin plantear una cuestión que preocupa a los antiguos vecinos de la zona y a todos los amantes de nuestra historia. Parece ser que en el espacio anexo a la histórica construcción se va a  proceder,  o  ya  se  está  procediendo, a  soterrar  un  transformador de la compañía eléctrica, empresa a la que el ayuntamiento ha dado licencia  para ello a cambio de la urbanización de aquel entorno. De esta forma se lograría alcanzar y hacer realidad una aspiración de los vecinos y de la Tertulia Amigos del 25 de Julio, como sería, en primer  lugar, dotar del necesario espacio de respeto a todo lo que la singular ermita representa como edificación más antigua de la ciudad, a cuyo amparo se formó y aglutinó el primer núcleo de los que, a base de tesón y trabajo e inspirados por un afán, espíritu y sentimiento de UNIÓN superior al habitual en cualquier otra comunidad, fueron capaces de forjar, arropar y poner las bases de nuestra pujante realidad de hoy.

Conmemoración del acontecimiento militar acaecido en S/C de Tenerife el 25 de julio de 1797:
la derrota de la armada británica en su intento de invasión al mando del almirante Nelson.

En segundo lugar, allí, junto a la ermita, en la plaza que ha de rodearla, protegerla y realzarla, será el emplazamiento ideal de un hito, de un monumento, que resalte, reconozca y  agradezca ese espíritu de UNIÓN que aún subsiste en sus antiguos vecinos y sus descendientes, que a pesar de los años transcurridos mantienen el mismo sentimiento de chicharrerismo que animó a los primeros habitantes del barrio.

El barrio de El Cabo merece este recuerdo y agradecimiento, para cuyo logro el arquitecto y contertulio Sebastián Matías tiene algunas ideas y estoy seguro de que la Tertulia Amigos del 25 de Julio se comprometerá a colaborar en todo lo que esté a su alcance, pero también tengo la certeza de que todos los que aún atesoran en su interior el espíritu del barrio aportarían su esfuerzo y ayuda para hacer realidad tan merecido homenaje.



Muchas gracias por su atención.

FUENTE: Conferencia pronunciada por Luis Cola Benítez en el Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife el 10 de diciembre de 2015, en la conmemoración del Centenario de la creación del Real Unión de Tenerife.

14/9/17

SI, PERO NO

Como siempre he considerado que lo prometido es deuda, quiero cumplir la mía para con mis lectores, tal y como prometí el pasado 23 de mayo, para darles mi opinión sobre el nuevo puente de El Cabo, ubicado en Santa Cruz de Tenerife.  


Puede que sea una obra de ingeniería de p.m. (no lo niego) pero a mí, carente de titulación y conocimientos técnicos al respecto, como ciudadano de a pie que soy... ¡no me gusta un pimiento! Lo digo porque se perdió de vista la estética del conjunto, ya que, al elevar el puente, hubo que dotarlo de escaleras y rampas por ambas márgenes del barranco, lo que, claramente, rompió la  homogeneidad original.


Al mirar desde la Iglesia de La Concepción hacia la ribera opuesta del Barranco de Santos, ya no se ve completa la fachada del antiguo Hospital Civil (hoy Museo de la Naturaleza y El Hombre). Y si se mira desde la otra orilla hacia la iglesia, tres cuartos de lo mismo. Y no solo eso: los elementos utilizados no tienen nada que ver con los del puente original (el más antiguo de la ciudad) lo que ha generado disparidad de pareceres entre la población, pues ha resultado más una recreación que una rehabilitación en si. De hecho, la ciudadanía se ha apresurado a bautizar como "tela de gallinero" a la estructura que sustituye las antiguas barandillas que, por cierto: ¿alguien sabe dónde fueron a parar?... Mira que si están con la fuente de la Plaza de la Paz, desaparecida también años ha.


Otro detalle: Al darle mayor altura a la pasarela, se prescindió del pilar de piedra en la que ésta se apoyaba. Lógico de por si, pero... ¿no se podía haber excavado el cauce del barranco, a ambos lados del mismo, hasta alcanzar el lecho original en lugar de elevar la infraestructura?

Un miembro de la Gestora junto con el consejero, observando la estructura metálica del puente que sí se pudo conservar.
Observando la estructura inferior del puente. Lo único que se conservó del original.

Para mí, por muy funcional que resulte (cosa que pongo en duda), estéticamente es una predada al entorno compuesto por la parroquia matriz, el museo y las poquitas casas antiguas que, a duras penas, perviven ante la avaricia inmobiliaria de algunos, a los que, al parecer, construir barato y feo, les sigue reportando pingües beneficios.
 

Yo pensé que tratarían de preservar el entorno lo mejor posible, pero, amigos: ¡el nuevo puente se parece al viejo como un huevo a una castaña!


Les invito a leer, relacionado con este tema, el artículo que lleva por título "Desembocadura del Barranco de Santos", publicado en este mismo blog con fecha 24/03/2010.

Miguel Ángel G. Yanes

7/9/17

NO SABEMOS CÓMO HA SIDO, PERO... (POEMA)


Está otra vez aquí, en nuestras propias manos,
En la piel de los párpados, en los resecos labios
Arrancando palabras de las simas del alma,
Haciéndolas fluir, incandescentes,
Hacia el cráter abierto en la garganta
Con el hálito ardiente de la respiración.

Gritando a voz en cuello verdades indomables.
O escribiendo en paredes resecas y desnudas,
Con los dedos teñidos de pintura y de sangre,
Versos insobornables que en el pecho palpitan;

Aporreando con rabia las ventanas
-inútil insistencia de las heridas manos-
De esta ciudad drogada, adormecida
Por el vaho nocturno que la aturde,
Intentando avisar a los durmientes
De un milagro vital… ineludible. 

Pero el sueño es tan denso, tan profundo
 Que no escuchan el eco retumbante
De una manada salvaje que se acerca:
Libres garañones de cascos sin herrar,
Golpeando la tierra con denuedo
Regresan de la propia eternidad.

Caballos desbocados de largas crines rojas
Y negros, sudorosos, oscuros cuerpos hechos
 De libertad y de sueños, a galope tendido
Atraviesan las puertas lumínicas del alba.

Miguel Ángel G. Yanes

3/9/17

TOPAR CON LA IGLESIA

Días atrás, haciéndose eco de un artículo publicado en el diario Público bajo el título de "El rambo del Bierzo", el Ciudadano Plof, colgó en su blog, una viñeta de "Forges" en la que... bueno, lo mejor es que la adjunte para que quede claro:

 
Llamó mi atención que Antonio Fraguas, alias "Forges",a quien considero una persona cultísima, pusiera esa frase de "con la iglesia hemos dado"en boca de Don Quijote, en lugar de la conocida popularmente: "con la Ilgesia hemos topado, amigo Sancho". Así qué, aguijoneado por la curiosidad, desempolvé mi viejo libro "El Quijote", una edición escolar de los años 50 que conservo como oro en paño y púseme a buscar el tal diálogo. Y a fé que lo hallé.

 
Tiene razón el amigo "Forges". La frase viene a cuento de que, Don Quijote y Sancho caminando durante la noche, distinguen un "bulto grande y sombra" que al caballero se le antoja ser el palacio de su amada Dulcinea del Toboso, pero "habiendo andado como docientos pasos, dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal edificio no era el alcázar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dijo":

-"Con la iglesia hemos dado, Sancho".

Iglesia de El Toboso

Por tanto, la frase hecha que solemos utilizar: "con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho" es una clara desvirtuación del original. Una frase usada para dejar constancia de haber tropezado con la Iglesia como institución y no físicamente contra uno de sus edificios, como relata la novela de Cervantes.

 Vaticano

Obsérvese, si no, que la misma palabra empleada en ambas frase, está escrita en una de ellas con minúscula y en otra con mayúscula.

Miguel Ángel G. Yanes

30/8/17

LA PESADILLA

Normalmente duermo boca abajo, y por ello no conseguí ver a la criatura que se hallaba sentada sobre mi espalda. De lo que puedo dar fe es de su enorme peso,  pues me impedía moverme y casi respirar. Quise alargar una mano y tocar a mi mujer, que dormía a mi lado, para pedirle ayuda, pero no tenía control alguno sobre mi cuerpo. Entonces intenté gritar y por lo visto lo conseguí porque ella despertó sobresaltada, encendió la luz y me preguntó qué me pasaba. 

- Que tenía una pesanta*, como de plomo, sentada sobre mí.
 
The nightmare (la pesadilla) - Henry Füsli - 1871

Algo que todavía me desconcierta es que, si se trataba de un ser proveniente de un plano no físico, ¿cómo pude sentir aquel tremendo peso?

(*) En la cultura popular catalana, la Pesanta es un animal mitológico con forma de perro enorme (raramente de gato), que se mete por la noches en las casas y se coloca sobre la gente, dificultando la respiración y provocando angustia y pesadillas.
WIKIPEDIA - La enciclopedia libre.

Miguel Ángel G. Yanes

24/8/17

CAMARÓN DE LA ISLA

El silencio de Camarón y las palomas oscuras 

José Monge Cruz, Camarón de la Isla - Caricatura de Grañena

«Yo no tengo palabras porque no soy hombre de palabras. Sólo sé cantar». No es que se quedara sin palabras, es que no las tenía: no figuraban entre sus posesiones. Podía pasar horas en compañía sin abrir la boca, sin que el vacío le pesara o le obligara. Sobre las tablas, entre tercio y tercio, su silencio no se asemejaba al de otros cantaores. Camarón gimiendo y Camarón callado: dos criaturas diferentes, dos especies. Apretaba la boca, seguía los dedos de Tomatito, escudriñaba en su cara, carraspeaba, dudaba. 

Camarón y Tomatito

Luego se arrancaba: brazos hacia atrás, vapuleándose el pecho como si se abriera paso entre toneladas de muertos; calavera transparentada, quijada, uñas hincándose en la palma de la mano, sangre. Y otra vez: silencio. En esos momentos, parecía descubrirse a sí mismo en un lugar desconocido: público, micrófonos, escenario. Un portal a otra dimensión o un agujero de gusano lo había colocado ahí: ese no era su planeta, nadie sabe cuál era el planeta de Camarón, pero asumimos que, fuera el que fuera, había potaje gitano y cajetillas de Winston. Él no comprendía qué hacía sobre esa silla, pero estaba todo tan ensamblado, resultaba tan real... Le rutilaba el iris, y volvía a cantar.


El silencio de José Monge se encuentra también en las palomas que se esconden para morir. Bajo los matorrales o a la orilla de los setos, en sombra, la paloma hincha las plumas y lucha por respirar. Te acercas y no se aparta, le faltan fuerzas. No se reconoce a sí misma: ahora que le molesta el cuerpo toma conciencia de su gravedad, de su cárcel (vivimos pensando que nuestra carne nos pertenece, que la gobernamos). No se marcha. Nos mira: nuestra presencia la agota, la acerca al final porque la obligamos a mirar hacia nosotros, a las hojas, a la tierra; y parece todo tan real. Cuando un ave se cobija así, ya no hay escapatoria. Camarón sí la tenía. Al final de un par de falsetas, detrás de la puerta de un rasgueo, volvía a cantar.


Para los millennials que nacieran en esas tribus payas y gitanas de familias aficionadas al flamenco probablemente no haya existido un tiempo sin el de la Isla. Su voz, siempre presente, iba creciendo como espuma natural desde los altavoces de la minicadena al walkman, al discman, al mp3, al iPod. Pocas veces, para estos privilegiados, el Camarón después de muerto, el de los discos, ha guardado silencio. Ellos no necesitaban ejercer de santotomases y tocar las llagas y comprobar las huellas de sus uñas en sus palmas para alimentarse con la hostia consagrada de su cante.


Distinto era para un niño payo sin una gota de andalucismo en la sangre que, además, había aprendido que el flamenco eran alaridos de gitanos y que la palabra ‘gitano’ contenía un lexema de miedo: en casa se usaba como una burla velada y en la calle se susurraba vigilando bien alrededor porque se entendía, en sí misma, como una acusación o una ofensa. Daba la impresión de que uno creaba al gitano cuando lo nombraba, y era así: nos lo inventábamos mal. Decir que quien se cruzaba con nosotros por la acera era gitano desencadenaba un imposible: de pronto, alrededor de ese señor con bigote y una carretilla de macetas o de esa mujer con bata y moño crecía un ecosistema diferente; iban ellos cargando con su burbuja, en su mundo, aunque pisaran las mismas baldosas que nosotros. Ahí había que dejarlos y no acercarse demasiado.


Camarón rompió esa barrera absurda que, sin embargo, se asumía como una verdad científica. Fue por tangos. A José, los profanos entramos por la ventana de un tango o de una bulería. Rosa María, Una estrella chiquitita… En la época de esas dos canciones aún cantaba con rectitud galante, comprimiendo los párpados y adelantando la boca y la nariz como si no sólo midiera el compás y la afinación sino también el aroma del cante que salía. Seguiriyas, soleá, bamberas, fandangos, alegrías… No había que conocer esa cosa de los palos para disfrutar a Camarón, pero sí -me daría cuenta más tarde- para exprimirlo y comprender la acumulación de huesos que hay detrás de su garganta. “…el viaje milenario de la carne, trepando por los siglos” (que diría el poeta Ángel González), ese viaje, en el flamenco, se guarda en las estructuras y letras de los palos. Se me clavó Camarón por imaginarlo siempre sentado en el valle, debajo de un limonero. Su voz sustituyó aquel lexema temible de la palabra gitano por una devoción tópica, llena de clichés, quizá tan absurda e irreal como el prejuicio primero, pero, sin duda, más justa.

Ángel González

Fue el acceso a los vídeos del genio -el descubrimiento de su forma de esperar, ese estar a punto de callarse para siempre- lo que quebró definitivamente las barreras. Escuchar mucho al de San Fernando te compromete de por vida, te convierte en militante. De repente, sus manos sobre las rodillas o frotando el compás, su forma de tragar saliva seriamente, la sospecha de debilidad. Sus jaleos tímidos, su contención, las fibras de sus brazos, sus ojos semicerrados y descendentes como velas rotas, los pómulos como quillas… "No era una talla de cobre ni de madera oscura, no era un Dios; era, en todo caso, una criatura sincera" escrita por César Vallejo con faltas de ortografía y palabras que nunca saldrán en el diccionario.

César Vallejo

Escucharlo, verlo, cuando ya se había clausurado su historia, clicar uno a uno, sin orden, en los vídeos dispersos que circulaban en el mundo inmediatamente anterior a Youtube, ofrecía la ventaja de visitar a la vez todos los camarones que existieron. Así la línea cronológica de su cante desaparecía. Si oímos primero un tema de sus últimos años, en nuestro mapa íntimo adquirirá un color de obra temprana. Y al revés: si degustamos sus primeros cantes grabados, aquellos de la Venta de Vargas, en último lugar, asumiremos sin preguntarnos nada que volvió a ser niño antes de disiparse de la tierra. El resultado es un Camarón atemporal, ronco y claro a la vez, largo y agotado; con La Perla de Cádiz y La Repompa o con el encostrado del tabaco y la droga vibrándole sincronizadamente en la garganta.


Hay un solo vídeo en que asistimos a este Camarón circular. Llego a él gracias a la mención de Francisco Peregil en El dolor de un príncipe. Se trata de un concierto en Montreux de 1991.


Interpreta Soy gitano junto a Charo Manzano y El Pelé. El cantaor disfruta, se despista y se hace gracia, se ha tomado en serio el sabor de la yerbabuena, y mira a Tomatito, que goza. Se descontrola la cosa, el genio no sabe dónde entrar y dice eso de partirse la camisa con una ronquera que iba engordando demasiado y enfilando ya el camino de la muerte. Al final, Charo lo observa como si mirara a un niño prodigio y lo anima: “Amo allá”. Él le hace una indicación con la cabeza: se levantan de la silla, corriendo, saltito a saltito, se arrancan a bailar. Ahí se ven las dos palomas oscuras que era Camarón, “una el sol y la otra la luna”, pero las dos él, en Torres Bermejas y en Montreux, dos palomas escondidas, hinchadas, pero que siempre volvían a cantar.


FUENTE: ctxt.
Esteban Ordóñez
09/08/2017

Nunca tuve la oportunidad de escucharlo en directo, pero la primera vez que lo oí cantar me convertí en un incondicional suyo para siempre. 

Iba conduciendo mi viejo Honda Civic, a altas horas de la madrugada, por la carretera que asciende desde Tabaiba a La Esperanza (Tenerife) cuando sonó, a través de la radio,  "La leyenda del tiempo".

Un profundo estremecimiento recorrió mi cuerpo, hasta el punto de detener el coche a un lado del camino, para poner todos los sentidos en la rotundidad mágica de su voz.

¡Magnífico... ¡soberbio!... ¡impresionante!...

21/8/17

MISA CON ESTRAMBOTE


Doy por hecho que todo el mundo sabe lo que es una misa, pero quizá muchos no sepan lo que es un estrambote; pues ni más ni menos que un verso o conjunto de ellos que, por lo general de tipo humorístico, suelen añadirse al final de un poema de estructura fija como el soneto (compuesto por 14 versos endecasílabos: 2 cuartetos y 2 tercetos) lo que conlleva un alargamiento de la composición poética.

"SONETO DE REPENTE"


 AUTOR: LOPE DE VEGA

Saco a colación esta palabra a raíz de la asistencia de este ciudadano a una misa, cosa harto infrecuente, ya que, como saben, soy creyente, pero creo en cosas que no son del ámbito religioso en concreto. Pero, a veces, para que cumplir con familiares o amigos, uno tiene que acercarse a sus ritos.

Hace unos días, el amigo Ingo nos avisó, a mi mujer y a mí, de que iba a celebrarse una misa en memoria del primer aniversario del fallecimiento de Mª Rosa, su esposa, en la parroquia de la Cruz del Señor. Y, como nobleza obliga, acudimos al acto. Saludamos a los presentes, aún en la plaza, y todos nos dirigimos a la iglesia.

Ingo

Nada más entrar, y a pesar de los mútiples ventiladores, el calor agosteño se me hizo insoportable, además, el volumen de la megafonía estaba tan alto que hería los oídos. Así que, aprovechando que me encontraba en la última fila (es lo mío) en cuanto pude, regresé a la plaza.

Cuando yo era niño, recuerdo que una misa normal, no concelebrada o de relumbrón, solía durar media hora a lo sumo, así que cuando ésta, que yo oía desde el exterior (recuerden el volumen de la megafonía) alcanzó los tres cuartos de hora, otros parroquianos fueron saliendo a hacerme compañía.

Parroquia de la Cruz del Señor

¡Una hora y quince minutos! Eso fue lo que duró la misa en aquella tarde calurosa de agosto. Ante tremendo alargamiento me salió del alma (fíjense que cosa) lo del estrambote.

Para mas inri, el sacerdote (ese día, de casulla roja) adoptando la costumbre típica de determinadas iglesias norteamericanas, fue despidiendo a los asistentes, uno por uno, en la puerta del templo, lo que contribuyó a prolongar aún más el asunto.

Casulla roja

Viendo las caritas de agotamiento de los que salían, estuve tentado de acercarme y decirle:

"Padre, la mitad de esta gente no volverá jamás.
 A no ser que abrevie, se va a quedar sin feligresía".

Plaza de la Cruz del Señor

SONETO CON ESTRAMBOTE

HOMENAJE A LA "Z"

La zeta es la que da final feliz
a las letras de nuestro abecedario.
Ya todas tributaron en rosario
y bajo ella extiendo mi tapiz.

Zumbido de mosquito en la nariz,
avestruz o zorzal del estepario.
Del zenit el trasluz es emisario,
del sueño su zum-zum tiene cariz.

Zambra baila con sus variadas poses
zarabanda de zombies del vudú,
huye la zarigüeya en un fru-frú.

Es símbolo de Zeus, dios de dioses
ante quien se prosternan reyezuelos.
Zigzaguea la zeta por los cielos.

Feliz y sin recelos
escucho los aplausos de lectores
exhaustos de mis versos trovadores.

AUTOR: MARAMÍN

Estrambótico templo abandonado en la selva de Indonesia

Del sustantivo estrambote deriva estrambótico que, según el Diccionario de la Lengua de la R.A.E. significa "extravagante, irregular y sin orden".

Miguel Ángel G. Yanes